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TROYA,
la realidad detrás del mito
 Con la Iliada, Homero hizo del asedio y la guerra de Troya uno de los relatos más inspirados y productivos de la historia de Occidente. La guerra de Troya reúne tantos méritos como la vida del fundador del cristianismo para recibir el título de "la historia más grande jamás contada". Tal como la conocemos hoy mediante la reconstrucción a través de la Iliada, de Homero, y otros cantos menores de otros autores, narra el asedio y la destrucción de la ciudad de Troya, situada en el extremo noroccidental de la península de Anatolia, por una expedición de héroes procedentes de toda Grecia.
El mito de Troya explora el argumento de la mujer raptada y su posterior liberación, en este caso tras un esfuerzo titánico. Paris, príncipe de Troya, hijo del rey Príamo y de la reina Hécuba, cruza el Egeo y llega a Esparta en misión oficial. Allí seduce a Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, con la que huye a Troya.
Menelao exige reparación y venganza. Con la ayuda de su hermano Agamenón, rey de Micenas, organiza una alianza militar en la que participan soldados de toda Grecia. Acuden a su llamada el tesalio Aquiles, Ulises de Ítaca, Ayax Telamónida de Salamina, Diomedes de la Argólida, Idomeneo de Creta, Filoctetes de Magnesia.
Durante 10 años, el ejército aqueo aísla Troya de sus aliados próximos y asedia la ciudad, protegida por inaccesibles murallas. Aquiles, héroe griego, vence y mata a Héctor, caudillo del ejército troyano y hermano de Paris; el propio Paris mata a Aquiles de un flechazo en el talón, única zona vulnerable de su blindada anatomía; Filoctetes mata a Paris y permite que se cumpla la profecía de que Troya sólo caerá hasta que muera el príncipe raptor, y en el décimo año, por fin, Palas Atenea sugiere al astuto Ulises una añagaza para acabar con la resistencia troyana.
Los griegos (dánaos, argivos o aqueos en la terminología homérica) construyen un gigantesco caballo de madera en cuyo interior se ocultan varios pelotones de soldados. Dejan abandonado el caballo ante las puertas de Troya en una retirada fingida. Los troyanos, eufóricos por la falsa victoria, entienden que el colosal caballo es un reconocimiento a la ayuda prestada por Palas Atenea a la ciudad y destruyen las preciosas murallas para introducir el caballo de madera. Por la noche, los emboscados aqueos salen de la panza de la efigie, matan a los centinelas y avisan a la flota griega oculta en los alrededores. Los troyanos fueron pasados a cuchillo, y sus mujeres e hijos, convertidos en esclavos de los vencedores. Ese fue el triste destino de Troya, la de las altas murallas.
Era inevitable que los historiadores y arqueólogos se preguntaran si la guerra de Troya ocurrió de verdad, si fue un acontecimiento histórico o una mera invención de perfiles míticopoéticos. El análisis histórico de la Iliada sugería que Homero elaboró un poema con elementos procedentes de tradiciones orales referidas a un acontecimiento, real o inventado, que podía situarse a finales de la edad micénica de la historia griega, entre 1300 y 1200 antes de Cristo.
En una meseta de piedra caliza llamada Hisarlik, situada a 4.5 kilómetros al sur de los Dardanelos y a 6 kilómetros al este del mar Egeo, surgió el fantasma arruinado por los siglos de la ciudad mítica de Homero.
Ocupaba unos 200 mil metros cuadrados y estaba protegida por taludes pronunciados. Una muralla de adobe de 4.5 metros de espesor en su base explicaba sobradamente las dificultades de cualquier atacante para expugnar la ciudad y la admiración de Homero.
Troya existió. Pero su existencia no implica que fuera destruida en una guerra devastadora como la que Homero convirtió en inmortal. Pero nada impide que el mito de Troya naciera de un acontecimiento militar menor.
La reconstrucción probable sería la siguiente: en torno del año 1200 antes de Cristo, una incursión de soldados griegos atacó Iliós / Troya, quizá como represalia contra un ataque previo, para fundar allí una colonia griega o como una de tantas expediciones para capturar esclavos. Los troyanos rechazaron el ataque, gracias sobre todo a sus formidables murallas.
Pasado un tiempo, quizá la ciudad cayó en un ataque nocturno o fue simplemente absorbida por una colonización pacífica. Con estos elementos se fue forjando un mito progresivamente heroico, transmitido de modo oral por los vates griegos. Probablemente se incorporaron detalles procedentes de otros hechos de armas. Hasta que el mito acabó en Homero: el mejor final para una leyenda que ha superado 30 siglos.
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Los Hombres las Pefieren Rubias
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