|
El Amor, poderosa razón
Mención de Honor del concurso
"Cartas de amor" 2002
Club Cultural Miami Atenea, Miami FL
Nota del editor: Estimados lectores: Como les prometimos en la edición anterior, estamos publicando la traducción de una carta de Grace Smith, perteneciente a su correspondencia privada, que no se encuentra en su obra póstuma editada. Vivió con nosotros y no la conocimos. Sus novelas amorosas hoy recorren el mundo, como pisaba ella nuestras aceras. Así la queremos recordar y rendir tributo: creyendo y abierta a la mágica aventura del amor. No se ha encontrado creación literaria anterior a esta fecha. Tampoco tenemos datos sobre su musa. El sobre con el destinatario debe haberse extraviado.
Querido:
¿Sabes cuánto hace que no escribo una carta de amor? Me refiero a una real. Si te digo no me lo vas a creer. Me parece que desde mi época de estudiante. Sí, no te rías. He vuelto a mis andadas, a mis locuras. Y todo por ti; por una cabeza de cabellos ensortijados y mirada a veces profunda, a veces lejana. Todos lo notan y me preguntan. Sabes que soy reservada, pero aún así se muestran indiscretos. Trato de mantenerme serena, pero respiran mi felicidad y canturrean ante la alegría contenida que entorna mis ojos. Ya ves que esta-llo sólo cuando estoy contigo, mas hay estados emocionales que ni la luz solar logra encandilar. Me has hecho el milagro. ¿Cuántas veces me lo has escuchado decir? Nacer de nuevo, poder volar; todo en aras de un sentimiento que me envuelve para darme más vida, y querer entregártela toda. Estás llenando mi casa, mis horas, mi alma. Estás llegando a mis sueños, mi ímpetu, mis ansias. Amor, hay cosas que no sabes. Estoy feliz, pero no siempre fue así. Quiero darte las gracias por existir. También por resucitarme la llama más poderosa de todas, la que nos ha hecho coincidir en aspectos comunes; algo casi extinguido. Gracias por las charlas, las noches sin luna, tus libros dedicados, tu mano extendida, tu hablar pausado. Ya de todo eso hubo en mi vida, sin embargo, los puse a un lado para que su recuerdo no doliera, y me quedé sin amor y sin dolor. Sin nada. Estaba casi vacía. Sólo guardaba un amor intacto para ti. Estrenémoslo, hagámoslo único. Un gran amor se nutre de muchos pequeños; de aquellos que también quisieron, pero no llegaron a ser. Amor, hay cosas que no imaginas. Algún día no estaremos, como no están los otros, ni esas otras que te enloquecieron, o devolvieron la calma; (ni ellos, ni ellas; los que nos amaron o entristecieron, los que nos alzaron o nos hundieron, e inclusive ambas cosas a al unísono) mas nosotros, los que nos besamos ante el hallazgo de nuestras esencias enamoradas, a quienes nos faltan las palabras cuando nos entre-gamos, y todavía nos ponemos nerviosos cuando se aproxima el instante de vernos, nosotros, en alguna dimensión permane-ceremos, por todo el bien que nos cau-samos. No me despido porque a ti siempre estaré llegando; es otra de mis maneras de decirte que te amo; así como cuando te susurro que tu sonrisa es el mayor regalo en cada día de los enamorados o, cuando te aseguro, que busco las cicatrices de reveses de antaño y no las encuentro... no obstante, déjame que te exprese lo más válido: "Gracias por hacer que volviese a escribir".
Siempre tuya,
Yo.
14 de Febrero de 1999. Semanario "De ayer, de hoy y de siempre.."
|
Un Cielo Para Todos
|
|