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Editorial
En defensa del futuro
para las generaciones venideras
Comenzamos nuestra columna con un deseo, una esperanza y una inquietud que aviva los sentimientos más profundos. Cuántas cosas estamos enfrentando que dejan perplejos al entendimiento más simple
Vivimos el impacto de la guerra con sus desgarradoras consecuencias. Noticias que llenan de estupor el alma y nos conmueven, convirtiéndonos todos en jueces de inmediato, a pesar de lo contradictorio... pues la mayoría de las veces parece que queremos ignorar el lado de la verdad y las razones por las que hemos llegado hasta estas consecuencias.
Hace tiempo padecemos la amenaza del terrorismo, los secuestros y un sinfín de problemas que afectan a toda la sociedad; incluyendo la falta de respeto que abarca inclusive a ciertos gobernantes, quienes en ocasiones desmerecen al pueblo que representan.
Amamos nuestra democracia y por ello, quiera Dios que podamos salvar los errores en que incurrimos, y que despertemos del sueño ingenuo que nos ha dominado por largo tiempo.
En días recientes salieron a la luz pública fotografías que han dado la vuelta al mundo, donde un grupo mínimo de soldados inescrupulosos manchan el honor del país, irrespetando y torturando a detenidos musulmanes.
¿Representa ese mínimo grupo de soldados a nuestra nación?, definitivamente no…
Ese pequeño número de siete u ocho, no puede en manera alguna encarnar la dignidad de aproximadamente 138,000 soldados en ese frente de batalla, que simbolizan los mejores principios en los que se basa la democracia y el pueblo de los Estados Unidos; país en el que firmemente continuamos teniendo fe, porque esta nación norteamericana se caracteriza por respetar la dignidad del hombre y los derechos individuales de cada quien. Pero… ¿Son ciertas esas fotografías? ¿Quién sabe? Se pueden hacer muchas cosas con fotos... Se puede comprar con dinero muchas voluntades... De cualquier forma también pueden existir soldados que no representen precisamente el coraje y la historia de su patria. ¿Quién sabe?
No olvidemos, que enfrentamos una guerra y nuestros enemigos como pequeña muestra de lo que son capaces de hacer, ejecutaron el salvaje asesinato del joven comerciante norteamericano Nick Berg, de West Chester, Filadelfia, decapitándolo, mientras tomaban un vídeo como testimonio del brutal acto. Recordemos que le han puesto precio a la vida de norteamericanos en cualquier parte del mundo.
Todos son actos reprochables. Nada justifica que en nuestras tropas se infiltren elementos corruptos que manchen el honor del país; las fotografías publicadas, así como los testimonios de esos elementos, son una vergüenza y causaron el suficiente escándalo y dolor. Ahora, queda la triste tarea de enfrentar el reto... De investigar a fondo la veracidad de los hechos… De decir no… porque así no actuamos nosotros… Esos hombres no son soldados estadounidenses.
En este momento estamos en Irak para devolver a ese pueblo mejores condiciones de vida y prosperidad. La guerra es un mal, pero muchas veces, sin ella no podemos llegar a la libertad. También por encima de todo, nos estamos defendiendo de un ataque criminal en el que murieron hombres, mujeres y niños de nuestro país, y que de no enfrentarnos a la guerra que ellos declararon, podremos seguir siendo un blanco perfecto para sus odios y ambiciones de poder.
La historia nos muestra, que los héroes del pasado, tuvieron que defender a cualquier precio sus derechos y libertades. ¿Es que nuestra generación es diferente? La defensa de esos principios sigue siendo hoy igual que ayer.
Por otro lado, se acercan las elecciones, cargadas con todas esas aberraciones en las que se debate la nación. Como es costumbre, dentro de unos meses, nuestro país volverá a las urnas buscando al gobernante que mejor represente la nobleza de los Estados Unidos y para entonces, debemos recordar que no buscamos la guerra, pero sí tenemos el deber de salvaguardar la libertad y la democracia. Nuestras elecciones nos aseguran el futuro de nuestra nación, por eso es importante velar por ella y saber cuál ha de ser nuestra posición para defenderla.
El deseo, la esperanza y la inquietud sean siempre ganar esas batallas, en defensa del futuro para las generaciones venideras.
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